lunes, 28 de abril de 2014

amar a Dios

 amar a Dios!!
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma
 y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas 
palabras que hoy te mando.
Deuteronomio 6:5-6
En el libro de Mateo, Jesús describe el mayor de todos los mandamientos como amar a Dios con todo tu corazón, mente, alma y fuerzas. Amar a Dios primero con esa entereza parece difícil de imaginar, pero amar a Dios comienza en tu corazón y forma el tema siempre creciente de tu vida cristiana. debes hacer que  tus hijos conozcan lo que significa realmente amar a Dios más que a cualquier otra cosa en esta vida.
el  Amar a Dios primero significa hacerle tu primera prioridad y el marco de orden en tu vida. Piensas en Él en la mañana cuando te despiertas, oras durante el día y hablas con Él en la noche. Cuando Dios ocupa el primer lugar en tu vida, todas las piezas restantes de tu vida encajan alrededor de Él en un orden perfecto. Cada decisión que tomas u horario que programas lo haces de manera natural en este orden. Dios quiere un tipo especial de amor que englobe tu corazón -lo que te motiva y te mueve-, y quiere que sea el gozo.
Aprender a amar a Dios es un proceso de dejar de amarte a ti mismo y a las cosas que te rodean y enamorarte más de Él. Comienzas con el deseo de amar de esa manera, y tu amor crece según maduras. A medida que creces en el amor de Dios, experimentas amor por otras personas que nunca hubieras esperado. Manifiesta el amor de Dios por tus hijos. Diles que oras, y que te oigan dar gracias a Dios por sus bendiciones y su amor. Incorpora la fe cuando hablas de tu día o sobre cosas que ocurren en las vidas de tus hijos. Cuéntales historias de cómo Dios ha mostrado su amor por ti y lo mucho que has llegado a amarle más a través de tus experiencias con Él. Deja que amar a Dios sea tan natural en tu familia que llegue a ser como respirar; que sea tu vida, tu gozo y tu paz.
hacer por obra
  • Dialoga con tus hijos sobre cómo se alegra a Dios. Cuéntales que tú obedeces a Dios porque lo amas mucho.
  • Demuestra tu amor por Dios a tus hijos dedicando tiempo cada día a orar y leer la Biblia. Déjales ver que Dios es tu prioridad y que vale la pena tu tiempo y atención.
  • Ayuda a tus niños a entender que cuando más conozcan a Dios, más le amarán también, y que leer la Biblia es la mejor forma de empezar a conocerle.



servir a Dios y a los Demas y seremos bendecidos

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica”
EFESIOS 2:10 

Fuiste puesto en la tierra con un propósito: para servir a Dios y a los demás. Este es el cuarto propósito de Dios para tu vida. Siempre que sirves a otros de cualquier manera, verdaderamente estás sirviendo a Dios y cumpliendo uno de tus propósitos. No estamos en la tierra solo para respirar, comer, ocupar un espacio y divertirnos. Dios nos formó individualmente para que hiciéramos un aporte singular con nuestras vidas.

Dios te redimió para que hicieras su obra santa. Tú no eres salvo por buenas obras, sino para hacer buenas obras. En el reino de Dios, tienes un lugar, un propósito, un rol y una función que cumplir. Esto le da a tu vida un gran valor y significado. Una vez que has sido salvado, Dios intenta usarte en sus planes. Él te tiene un ministerio en su iglesia y una misión en el mundo.

Jesús dijo: “Tu actitud debe ser igual a la mía, porque yo, el Mesías, no vine a ser servido sino a servir y a dar mi vida”
MATEO 20:27-28 

Para los cristianos, el servicio no es opcional, algo que debe incluirse en nuestros horarios si disponemos de tiempo. Es el corazón de la vida cristiana. Jesús vino a servir y a dar, y esos dos verbos también pueden definir tu vida en la tierra. Servir y dar, en resumen, son el cuarto propósito de Dios para tu vida.

viernes, 25 de abril de 2014

Dios el creador

Génesis 1: 1-5 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo Dios: “Sea la luz,” y fue la luz. Dios vio que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y fue la mañana del primer día.